El cuerpo vivo es el punto de partida del proceso creativo de Jesús del Pozo.
El propio diseñador inculcaba a sus equipos que la creación no empieza con un trazo sobre un papel en blanco, sino con el gesto de una tela sobre un busto. De ese modo, el diseñador observa su caída, los matices de su textura y color. Siente su peso también, y empieza a crear los contornos de aquello en lo que se convertirá: un vestido cortado al bies, una chaqueta ajustada o un pantalón perfectamente entallado.
Un proceso intuitivo que evoca la excelencia de la Alta Costura donde todo se hace a mano. Con la maestría de la experiencia, el equipo, va modelando una silueta, que, prueba tras prueba, refinan. Es necesario estudiar cada prenda en movimiento, ver como fluye al caminar o al sentarse . Sólo, así, una prenda de vestir se puede convertir en una oda al cuerpo femenino.

