Su propuesta de estilo no fue efímera. Gracias a su constancia y coherencia, durante treinta siete años, el diseñador logró mantener su identidad, imponiéndose a tendencias y modas pasajeras. Ante todo, Jesús del Pozo defendía un proceso creativo e intuitivo, que evoca a la Alta Costura, rescatando el valor de lo hecho a mano.
Desde sus comienzos, las colecciones de Jesús del Pozo han transmitido una clara influencia de la Tradición Española. Su trayectoria avalada por numerosos premios, lo convierten, junto a otros contemporáneos, en heredero de Balenciaga y Fortuny. Del primer diseñador recogió los volúmenes arquitectónicos, mientras que del segundo, una paleta de colores propias y una la mezcla de texturas muy personal.
Estas claras influencias, junto a una fe ciega en su filosofía- buscar, descubrir y exaltar la belleza individual sin artificios, ni ostentaciones - recrearon y construyeron el personal estilo del diseñador madrileño.

